Por: Martin Arce.
El Vino,……es una de las cosas más civilizadas del mundo. (Ernest Hemingway)
Solo quien ha saboreado el néctar de un buen vino, disfrutando las sensaciones que produce esta ancestral bebida, encarna las palabras del autor “del Viejo y del mar”.
El vino registra una existencia de unos 8,000 años. Algunas fuentes vinculan la raÃz del vocablo con el remoto Sanscrito, en la palabra VANA (amor) de la que también derivarÃa la palabra Venus, esta relación semántica se sostendrÃa en la antigua creencia de sus virtudes afrodisiacas, tal vez por lo cual EurÃpides, el poeta clásico griego dirÃa, “Donde no hay vino, no hay Amor”.
Desde tiempos remotos el hombre afÃn de asegurar fuentes salubres de agua, encontró una placentera sustitución en las bebidas Espirituosas. La idea, compartida por diversas culturas, de que el vino es de origen divino proviene del hecho que fermenta por sà misma, ya que las levaduras del medio ambiente se adhieren a la piel del fruto (la cascara) y, al ser aplastado, mezcla el jugo y da inicio a la fermentación.
El calificativo de espirituoso, se deriva del vocablo latinos spiritus=soplo, alma, por lo que se asocia al vapor sutil y aromático que desprenden los vinos. Dando la imagen, que el espÃritu se separaba del cuerpo ascendiendo a las alturas, de allà la frase: ” El vino te levanta el espÃritu” por lo que el escritor uruguayo Eduardo Galeano, afirma “todos somos mortales, hasta el primer beso y la segunda copa de vino”
En la antigua Grecia, su trascendencia hizo que le asignaran una deidad, Dionisio dios del vino y el éxtasis. Pero el vino, no solo era placer, ya Hipócrates, padre de la medicina menciona su uso.
Los egipcios, lo llamaron lagrimas de Horus (dios con cabeza de pájaro) provendrÃa de allÃ, el calificativo ornitológico para los individuos de escasa resistencia etÃlica.
Los hebreos, Según la Biblia, fue Noé quien reimplanto la Vid después del diluvio. Y es un Don incluido entre las bendiciones de Dios. El vino “regocija el corazón del hombre mortal”, pone al corazón de “humor alegre” (salmos).
Los Romanos, que desde su aparición en la historia con los licántropos mellizos Rómulo y Remo, emplearon el vino para embriagar a los familiares de las sabinas, ejecutando su famoso rapto y asà balancear el género en la recién fundada Roma.
Roma remodeló la faz de la cultura occidental, dio un nuevo auge en la tecnologÃa y conocimiento en la producción del vino, trascendiendo a nuevas regiones que se convertirÃan en grandes productores hasta la actualidad, como Francia, Alemania, España y Portugal.
“Ecce Hommo” He aquà el hombre, expresión que divide una era, el cristianismo, con Jesús, el vino alcanza un protagonismo litúrgico, desde el primer milagro en las bodas de canan, con la conversión del agua en vino, hasta su epilogo con la celebración de la eucaristÃa, la transustanciación simbólica en la sangre de Cristo, durante la última cena.
Es asà que esta sacra bebida, nos ha acompañado a lo largo de nuestra existencia, en los momentos más significativos, un brindis sella en nuestros labios los recuerdos más sublimes y como reza el refrán de un viejo amigo argentino “Todos los poemas que se recuerdan nunca fueron escritos con una copa de agua”.






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